Versión ampliada en el blog: Construir producto sin prisa
Buenas! En la newsletter te vas a encontrar:
Un articulo de una crack, contando sus aprendizajes en producto y estrategia de carrera en Producto, ex Product Director en Factorial y ahora fundadora. (Gracias linkedin)
Un evento para aplicar mindset de producto en la búsqueda de trabajo (+350 personas apuntadas)
Estoy validando un servicio de Headhunter para perfiles de producto, si estas contratando o lo haces mediante consultora, me encetaría que me dieras feedback
Os presento a Alba, fundadora de CandyCV
Lleva diez años construyendo producto en B2C y B2B, pasando por FinTech, PropTech y HR Tech. En este último lideró el portfolio de productos para gestión de talento, utilizados por miles de equipos de selección en distintos países.
Entiende producto como un sistema completo: además de entender al usuario, priorizar los problemas que importan y organizar equipos para resolverlos bien; hay que asegurarse de que el producto llega al mercado y conecta con quien lo necesita hasta que paga por él.
A lo largo de su carrera ha llevado productos de cero a varios millones, hecho crecer líneas que no terminaban de arrancar y liderado equipos de producto.
Hoy está centrada en CandyCV para que las personas entiendan cómo funciona la tecnología de reclutamiento, definan su propuesta de valor, la comuniquen en su currículum y encuentren un trabajo que les encaje. Es un enfoque de producto aplicado a la búsqueda de empleo. Su rigor técnico y sensibilidad hacia quien busca empleo es lo que hace que CandyCV tenga un enfoque distinto dentro del sector.
Os dejo el articulo:
Ir más lento cuando todos corren: de pilotar un Boeing a construir un velero
Ruido. Prisa. Cambios a más velocidad de la que uno puede procesar. Herramientas en beta que prometen sustituir el trabajo de medio planeta pero que aún no ha usado nadie. Tecnologías nuevas que en días se hacen viejas. Pero da igual: total, no la pudiste llegar a probar.
Gente que no ha hablado con un usuario en su vida levantando rondas por un producto vibecodeado que “compite” con el tuyo (aunque en realidad no lo haga porque morirá pronto) pero ya suma al ruido de fondo.
Un ruido que te empuja a correr, a entregar más rápido, a no poder iterar porque “ya lo puliremos, ahora hay que sacar [inserte aquí la nueva shiny feature con IA]”. Porque estamos a final de año y hay que llegar como sea a un objetivo que alguien definió en una reunión de la que ya nadie se acuerda, pero queda el Excel.
Todo rápido. Todo hinchado. Todo dopado.
Yo he vivido en ese mundo. Y ojo, me encantó. Pero un día se me ocurrió que, si todo el mundo acelera, el hueco más interesante en el mercado quizás esté en frenar.
De pilotar un Boeing a construir mi propio velero
Hace menos de un año bajé del avión (uno de los buenos).
Mi etapa en Factorial fue como pilotar un Boeing a 900 km/h: mil rutas, muchos pasajeros, megacrew, decisiones en segundos y equipos gigantes coordinándose para construir el avión mientras está en el aire. Una empresa donde el producto es el corazón y el negocio el cerebro. Donde el ritmo es intenso, los objetivos dan vértigo y las prioridades cambian más rápido de lo que se pueden comunicar a miles de personas. Mi abuela es de un pueblo de Albacete. Pues en Factorial hay más gente que en su pueblo.
Allí aprendí más de negocio, operaciones y personas de lo que imaginé posible. Cuando entré no sabía a lo que me enfrentaría, solo sabía que quería estar ahí.
Pasé por product ops, luego product manager, luego directora de producto del dominio de talento (ATS, performance, formaciones…). Años intensos donde entendí algo que no se enseña en ninguna “escuela de producto”: no existen productos exitosos si no trabajas con los equipos de distribución y te ganas su confianza, si no entiendes de dónde viene tu negocio y si no sabes con quién hablar dentro de la organización. Hacer producto es mucho más que un roadmap, métricas, Figma y Google Meets.
Pero gestionar toda la cadena de valor del producto se complica muchísimo conforme vas metiendo personas y equipos y países en la ecuación. Por eso, a medida que una empresa crece, se van dividiendo equipos y funciones: producto e ingeniería por un lado, marketing por otro, ventas por otro, partnerships, finanzas, customer experience... Si te quedas en tu zona “de producto” y te limitas a hacer reuniones con el resto de equipos de vez en cuando, te pierdes el 80% del contexto.
Por eso me metí (con los product managers de mi dominio) a fondo en distribución: campañas, posicionamiento, pricing, upsell, feedback directo de ventas y customer success… Hay un equipo de product marketing fantástico, pero eran tres personas para 16 equipos de producto. Si no entrábamos a empujar, parte del impacto de nuestros productos se quedaría en Notion.
Esa mezcla de producto, negocio y personas para gestionar la cadena de valor completa contribuyó enormemente a que los productos de talento despegaran y excedieran objetivos.
Y tras demostrarme a mí misma que sabía jugar al juego de “más rápido, más alto, más lejos”, me di cuenta de que llevaba demasiado tiempo construyendo aviones sin mirar el paisaje. Así que me bajé del mejor avión que he pilotado nunca para construir mi propio velero.
Uno pequeñito. Hecho a mano, con calma. Más lento. Más frágil. Pero mío. Donde yo marque el ritmo y pueda disfrutar de todos los detalles.
De vuelta a la carpintería
Mi abuelo era carpintero. Cuando yo era pequeña, les hizo a mis padres un mueble para el baño. No era para nada perfecto, yo conocía cada veta porque me quedaba empanada mirándolo mientras el calefactor calentaba el baño para ducharme (en verano también; mi madre aún me recuerda las facturas de Iberdrola).
Pues todo el que entraba en ese baño salía alabando el mueble. Un poco cringey, pero si hay algo que la gente recuerda de esa casa es el mueble de baño de mi abuelo.
En su taller nada era inmediato ni replicable. Si iba con prisa, se cortaba los dedos (acabó con 8 dedos y medio). Su oficio requería una mezcla de técnica, paciencia y cariño. Esto último era muy importante porque se lo transmitía a sus clientes.
Y se extendió IKEA en España: rápido, barato, igual para todos, lo montas en una tarde. Perfectos para pisos de alquiler porque “hacen su función” y ya. Los inquilinos piensan: “me saca del apuro ahora, ya veré si me lo llevo al siguiente piso”. Los propietarios piensan: “no voy a gastarme una pasta en muebles pa’ que me los destrocen. Todo del IKEA y arreando”.
Nunca vi a mi abuelo nervioso por competir con IKEA. Él sabía que jugaba en otra liga. No por elitismo, sino por filosofía. A él le gustaban las cosas que tardan, que son imperfectas, que no encajan con todo el mundo porque tienen una intención muy concreta.
Pues creo que CandyCV nace justo de ahí: del taller, no de la fábrica.
¿Eso qué significa en la práctica? Pues que construyo producto con mi pareja, con nuestros ahorros y nuestras manos en toda la cadena de valor. Hago cosas más despacio, algunas peor que alguien que ya lo ha hecho cien veces, pero también aprieto cada tornillo y sé exactamente por qué existe cada cosa. Y estoy en paz con que no sea para todo el mundo.
Además, elegimos un océano rojo interesantísimo: la empleabilidad. Ahí conviven herramientas de hace muchos años con dark patterns terribles para los usuarios, productos montados en un fin de semana y vendehumos que meten miedo a la gente con los ATS para vender consultorías milagrosas. Decidimos montar ahí nuestra carpintería para la gente que se haya cansado de los muebles de alquiler.
No persigo cuotas ni KPIs porque confío en el largo plazo y en el valor de lo que construimos. Donde todo es producto. El primer impacto de marca a un usuario con un vídeo en TikTok es igual de importante que su experiencia haciéndose el currículum en CandyCV. La forma en la que respondo a un usuario por email o en YouTube cuando tiene alguna queja es producto también. Y el carrusel en LinkedIn que alguien se guarda porque le da una idea para buscar trabajo, y los hilos en el subreddit de r/curriculums donde ayudo a desconocidos.
El contenido es producto.
El software es producto.
La marca es producto.
La distribución es producto.
Hay un orgullo extraño en sentir cada arista del proceso con las manos y no tratar a la gente de idiota.
Ve más lento para diferenciarte
Cuando hablamos de producto solemos hablar de frameworks, experimentos, trade-offs, roadmaps, IA… Todo eso me interesa y lo uso. Pero yo quiero decirte que, a menos que quieras montar algo cuyo único modelo de negocio es el “winner takes all”, atrévete a ir lento.
Hoy la conversación la dominan los productos invertidos (y no seré yo quien les quite mérito), y los dopados con IA pero que, al rascar un poco, te das cuenta de que son más un juguete que un producto. Ir lento ahora mismo se siente como un fracaso, como que te quedas atrás. A veces es difícil gestionar el FOMO, no te voy a engañar. Pero luego recuerdo que esto es una carrera de fondo. Ambos juegos son interesantes, tú decides al que quieres jugar. Yo, después de pilotar el Boeing, necesitaba construir mi velero. La velocidad no siempre es sinónimo de progreso. A veces es solo… ruido.
👉 Ofertas que gestiono: empleo.beproduct.es/jobs
👉 Todas las ofertas de producto: beproduct.es/ofertas-producto
👉 Salarios de producto 2026: beproduct.es/informe-salarios
👉 Únete a la comunidad: beproduct.es/unete-comunidad-producto
👉 Sigue leyendo en el blog: Cómo validar una idea de negocio · Tracción Mínima Viable: cómo elegir tus canales de adquisición





Muchas gracias, Alba, por tu reflexión. Desde hace unos años intento vivir con esa misma filosofía y, aunque al principio da vértigo (como ir a 60 por una vía de 120), con el tiempo he comprobado que merece la pena
Lentos, con paso firme hacia la luna :)