Versión ampliada en el blog: Cuándo contratar en un equipo sin hacerlo con prisa
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Os presento a David Valero
Más de 10 años combinando operaciones, sistemas y crecimiento empresarial: de ingeniero y técnico a COO de agencia remota (+30 personas), hasta CEO & Co-Fundador de Senda Impulsa, donde ha ayudado a +100 empresas a escalar sin quemarse.
Emprendedor versátil: co-fundador de Senda Impulsa (sistemas para crecer sostenible), divulgador en El Rincón de Aquiles (podcast de ideas críticas sobre el mundo), experto en no-code y procesos que devuelven tiempo y libertad.
Referente en equilibrio vida-negocio: “Trabajar mejor para vivir mejor”.
Os dejo su articulo:
Contratar con prisa es pagar dos veces
Hay decisiones que se notan solo cuando llegan tarde. Contratar es una de ellas.
Durante años me he encontrado con el mismo patrón: equipos que contratan desde la urgencia. No porque quieran. Porque no les queda otra. El trabajo les ha pasado por encima, están al límite, y de pronto aparece esa conversación:
—Tenemos que buscar a alguien YA de YA.
Y claro, cuando necesitas a alguien YA de YA, no estás contratando. Estás apagando un fuego. Las probabilidades de error se disparan y acabas priorizando “a ver qué encontramos” sobre “esto es lo que necesitamos”.
Contratar desde la urgencia se parece mucho a ligar desde la desesperación. Cuando llevas mucho tiempo sin una cita, cualquier persona que te haga caso parece la perfecta. Bajas estándares, ignoras red flags, te convences de que “algo es mejor que nada”.
Y al final, te conformas con el primer CV decente que aparece porque “necesitas cubrir el puesto”.
Es un círculo vicioso perfecto:
Y es que, todos infravaloramos una verdad incómoda: una persona nueva tarda semanas (o meses) en ser realmente útil.
No importa lo buena que sea. Tiene que aprender tu metodología, tu cultura, tu forma de hacer las cosas. Pasar por diferentes proyectos para absorber el expertise de la empresa.
Cuando contratas desde la urgencia no tienes tiempo para esto. La sueltas en la selva con un escudo y una espada de madera y le dices “toma, a pelear”.
¿El resultado?
Tú te frustras porque sigues haciendo tu trabajo + supervisar + corregir (+ fingir que todo va bien aunque por dentro te estés preguntando si contratar fue buena idea).
La persona se frustra porque siente que la han dejado sola.
Al final, nadie es feliz.
(Y encima te quedas con la sensación de que “delegar no funciona” cuando en realidad no has delegado. Has abandonado).
Aquí entra algo que rara vez se dice, pero es clave: la gente no se va cuando está a gusto. Se va cuando lleva meses dando el 200%. Cuando ya no puede más.
Y entonces no te da tiempo a formar a nadie. Ni a pensar con claridad. Solo a reaccionar.
En Senda hacemos algo que a muchos les puede parecer un lujo: contratamos antes de necesitarlo al 100%.
Nuestros últimos fichajes, Álex Maese, Pau Mugarra y Alit Fasce, empezaron el 1 de septiembre. Y llegaron mucho antes de que los necesitáramos a tope. ¿Locura? Para nada.
Queríamos dedicarles el tiempo y el cariño que se merecen. Enseñarles cómo hacemos las cosas, acompañarles, resolver sus dudas. Que las primeras semanas fueran de aprendizaje, no de exigencia máxima.
Nuestro equipo técnico está actualmente al 90% de su capacidad. Cuando lleguen al 100%, ya tendremos a esa persona incorporada y con el onboarding avanzado.
Sembrar antes de que lleguen las lluvias. Porque si tu misión es crecer, llegarán.
Cómo lo hacemos en Senda
En Senda detectamos el momento de contratar gracias a dos señales muy claras:
Primera señal: miramos nuestra previsión de demanda y nos preparamos para ella.
Ojo: no es lo mismo planificar que prepararse. Puedes tener clarísimo el rumbo de tu viaje, pero si no revisas el casco del barco, la primera ola te lo parte en dos.
Segunda señal: hablamos con el equipo. Siempre.
Tenemos un trato muy cercano con el equipo que nos permite valorar a diario la carga de trabajo de cada persona. Nos fijamos en los pequeños síntomas: más errores de lo normal, horas extra que se repiten, caras más apagadas que de costumbre (las caras, Juan, las caras).
La clave está en anticiparse: identificar la saturación antes de que sea evidente y actuar antes de que el sistema empiece a petar.
¿Por qué nos da tanto miedo contratar mal?
En Senda somos pocos. Y cada nueva incorporación requiere una inversión brutal de tiempo, energía y foco. Si a los 6 meses esa persona “sale rana”, la pérdida no es solo de dinero. Es emocional. Es volver a empezar, con menos energía y más desconfianza. Y eso (lo sabemos bien) puede jugar en contra cuando toca volver a contratar.
Por eso, nuestros onboardings duran meses. Acompañamiento real, formación, darle todo el contexto de nuestros sistemas, herramientas, el conocimiento tácito de cada cliente. Es una inversión enorme de tiempo y energía, pero para nosotros es sagrado.
Ejemplo real de una parte del onboarding de Marc Mula, una de nuestras últimas incorporaciones al equipo. Y esto es solo el aperitivo.

¿Y si “no te puedes permitir sobredimensionar”?
La mayoría de empresas no se plantean contratar a alguien nuevo hasta que ya es una cuestión de vida o muerte. Creen que tener “más manos de las necesarias” es un lujo.
Un capricho para cuando todo vaya increíble. Y claro, como nunca todo va increíble, pues no pasa.
En realidad, lo que hay detrás es miedo. Miedo a asumir un coste que no se ve claramente como inversión. Y es normal. Nos ha pasado a todos. Pero si siempre vas justo, siempre vas corriendo. Y cuando todo el mundo va corriendo, nadie tiene cabeza para pensar ni tiempo para mejorar nada.
Entonces, ¿qué puedes hacer para sobredimensionar sin jugártela?
Empieza por hacer hueco. No en el equipo, en las cuentas.
Revisa tus precios: ¿estás cobrando lo que vale lo que entregas?
Optimiza procesos: ¿hay tareas que podrías sistematizar o simplificar?
Pega un repaso a las herramientas: ¿estás pagando por cosas que no usas o que duplican funciones?
No se trata de recortar a lo loco, sino de limpiar el camino para tomar mejores decisiones.
Y si tienes caja en el banco o un sueldo alto como CEO, quizá no se trata de “no puedo permitirlo”, sino de decidir dónde pones la apuesta.
Porque sobredimensionar no es fichar por fichar. Es darte el margen necesario para formar sin prisa, para que el equipo no vaya siempre a fuegote, y para que haya cabeza además de manos.
Esto, incluso si lo miras solo desde el prisma del dinero, ya tiene todo el sentido del mundo. Porque esa nueva nómina que hoy parece “salir”, en realidad no se pierde. Se transforma. En recomendaciones. En reputación. En menor rotación de equipo. En clientes que quieren quedarse porque se sienten cuidados.
Aunque lo que realmente marca la diferencia no es eso, es todo lo que ocurre cuando el equipo deja de ir al límite: espacio para la creatividad, tiempo para cuidar los detalles, margen para crecer sin romperse…
Y algo que no se mide, pero se siente: orgullo.
El orgullo de no ir siempre de culo. De trabajar en un lugar donde se respeta tu tiempo y tu bienestar.
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Javi Platón
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